Radio FM - Henderson

Villa… Invierno… cuántas veces pasó y no nos enteramos?

Qué frío hace!  Un viento helado se cuela por los intersticios de las tablas de la casita. El techo de cartones y chapas se sacude con un ruido estremecedor que no permite dormir.

Juana está sentada en el camastro donde se apiñan sus cinco pequeños hijos, procurándose un calor humano que no alcanza a generar la delgada manta. Frutilla, la perra “marca perro” que los acompaña casi desde siempre, se echa sobre los chicos procurando abrigarlos.

Una helada y delgada lágrima corre silenciosa por ese dolor surcado de arrugas que es la cara de Juana. Esa noche, la única comida que hubo para la familia, fue una sopa, hecha con un caracú usado que encontró en el basurero. Ni fideos tuvo para ponerle! Ni un pancito duro para secar el plato!

En un rincón, un brasero ahuma con los restos de madera de un cajoncito, tratando inútilmente de generar un poco de calor. Juana tiende sus delgadas y mortificadas manos sobre ese agónico fueguito y su imaginación vuela por un momento, soñando con el secreto que la impulsa a seguir. Ve su casita, primorosa, limpia, pequeña pero ordenada y en la que cada uno tiene su lugar. La mesa está puesta y en ella un puchero con “de todo” espera ser servido. Afuera el jardín con sus flores, la invita a cuidarlo.

Cuando se dispone a cortar esa rosa que pondrá en el retrato de la abuela, salta una tos áspera y crispada que la vuelve a la realidad. Mira atontada en derredor. Hay humo. Mucho humo, y las tristes paredes de madera han cambiado de color. Son rojas, están ardiendo!, la casa entera está ardiendo!

………………..

El informe de bomberos indica… “No hay sobrevivientes.  La destrucción es total”.

Autor: Adriana Correa e-mail: [email protected]

Foto: Una mujer se calienta las manos en un brasero – Fernando Ruso

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